El escenario estaba decidido desde el primer momento: un salón lleno de luz, perfecto para montar una mesa principal elegante, un árbol lleno de vida y una mesa de centro que invitara a quedarse. La premisa era clara: mantener nuestra esencia, pero con un aire renovado, diferente al del año anterior. Una Navidad luminosa, natural y muy cálida, con la colección de D’azulcobalto como protagonista y una paleta que giraba en torno a ocres, mostaza, verdes y, cómo no, los rojos que siempre regresan por estas fechas.
La inspiración venía de lejos. Este año, D’azulcobalto olía a manzanas, maíz y girasoles de los campos de Fraella. Así que decidimos llevar esa idea a la mesa de comedor, creando un camino único con ramas de olivo, eucalipto, esparraguera, pimienta falsa, maíz y girasoles. Las hortensias mostaza, la naranja deshidratada y las granadas completaban ese guiño festivo. Los servilleteros, también diseñados por Paula, seguían la misma línea: manzana, naranja y canela.
Las velas eran imprescindibles, y este año apostamos por candelabros altos dorados que aportaban calidez sin restar protagonismo al resto. Textiles y complementos de Tana&Co —mantel de lino, bajoplatos en ratán oscuro y cubertería trenzada— daban ese equilibrio entre frescura y elegancia.
El árbol se decoró íntegramente con las coronas de la colección navideña: higos verdes, manzana roja y naranja con canela, junto a ramas preservadas en tonos rojizos y anaranjados.
En la mesa de centro buscamos una segunda atmósfera, esta vez en rojos y granates. El mantel de lino conectaba visualmente con sofás, cojines y alfombra. Sobre él, una mesa dulce con tartas de Postres Sin Glu y coronas de D’azulcobalto, iluminadas con velas bajas doradas. Ratán oscuro, dos estilos de servilletas de lino y jarrones con hortensias granates, verdes y ramas preservadas completaban la escena.
Una Navidad pensada para eso: estar, disfrutar y sentir el hogar