Este proyecto nace del deseo de una familia que llevaba más de veinte años en su hogar y quería renovarlo sin perder su identidad. Una vivienda dúplex de 130 m² en Zaragoza, con tres dormitorios, dos baños, cocina y un amplio salón, que necesitaba luz, amplitud y una nueva mirada capaz de sacar el máximo partido a cada rincón manteniendo su alma original.
La intervención se centró en actualizar los espacios y mejorar la distribución. La decisión clave fue abrir la cocina al salón, un gesto que transformó por completo la vivienda: permitió ganar amplitud visual, mejorar la luz natural y crear una gran conexión entre ambas estancias. Rediseñamos la cocina en pocos metros, cuidando cada detalle para que, al integrarse en el espacio social, aportara calidez y equilibrio. Su nueva zona de office, con mesa diseñada por el estudio, se convirtió en uno de los puntos más vividos de la casa.
En el salón, mantuvimos parte del mobiliario existente y reordenamos la distribución. Decidimos dejar las vigas vistas, vestir las paredes con molduras y estudiar cuidadosamente la iluminación. El suelo de madera —instalado veinte años atrás— supuso uno de los mayores retos del proyecto: localizar el mismo modelo y lograr una continuidad perfecta. Tras instalar, lijar y barnizar, el resultado fue impecable. Las puertas y rodapiés, de gran calidad, se renovaron con una delicada pintura en un tono lino cálido. Para equilibrar la presencia del mueble rojo, pintamos la puerta de entrada en grafito, generando un contraste actual y armónico.
Los baños, completamente renovados, se concibieron como espacios serenos y funcionales. En el baño de la planta baja optimizamos cada centímetro para integrar una hornacina y mantener capacidad de almacenaje. En el baño principal, el objetivo fue crear un ambiente natural y calmado, con materiales continuos, mobiliario a medida, iluminación muy cuidada y detalles que transmiten bienestar.
Este proyecto resume lo que más nos emociona: transformar, actualizar y respetar al mismo tiempo. Crear hogares que evolucionan, pero que nunca pierden su esencia. Y hacerlo desde la confianza absoluta de quienes nos abren las puertas de su vida.